caótico, neurasténico y ecléctico .
Es la mejor definición de mi BLOG porque se trata de comunicar distintas ideas, desde la perspertiva de una persona impredecible, a la que le interesa todo lo Humano Y lo Divino, sin sentar cátedra en ningún momento.
Cuando yo inicié mi carrera de medicina en la Universidad de Oviedo, teníamos un Departamento de Anatomía hipertrofiado por el protagonismo del catedrático de la asignatura (también decano de la facultad) y su esposa, adjunta del citado departamento; varios profesores y catedráticos de otras materias llegaron a calificar a la Facultad de Oviedo como "LA FACULTAD DE ANATOMÍA", por la presión que se ejercía desde allí. Las anatomías ovetenses no sólo te ponían los "huevos/ovarios tensos", también eran las asignaturas más difíciles de la carrera y algunos estudiantes de 6º curso tenían que desplazarse a otros distritos para poder aprobar/las.
En la sala de disección solamente había dos cadáveres (que yo recuerde), a disposición de los más de 1000 alumnos matriculados en los dos primeros cursos, flotando en sus cajas, en un pequeño mar de formol. También disponíamos de cajas con "casquería diversa": cerebros enteros y laminados en rodajas, hígados, extremidades superiores e inferiores... Y ¡Hasta una caja con numerosos penes!, que descubrimos un día, con el consiguiente cachondeo tan propio de esas edades, y los comentarios chuscos (nunca irreverentes) de unos alumnos/as que éramos adolescentes (yo tenía 17 años). Se decía que los cadáveres eran traídos desde la India, pertenecientes a las castas más bajas, que no podían pagar la leña para su incineración en la pira fúnebre; dato que no me extrañaría a juzgar por los rasgos faciales y el color de la piel, incluso el periostio de los huesos del cráneo era oscuro como la noche.
Durante el curso era normal no tener un cadáver en la mesa de disección, pero en el examen final práctico, tras aprobar el teórico, se sacaba uno de los pocos cuerpos disponibles del "sarcófago" y se tendía sobre la mesa de mármol, se le daba una ducha para limpiar el formol y se encendía el extractor para que no lloraran los ojos con los vapores que aún quedaban: era un cuerpo rígido, sin piel, con los músculos deshilachados y cortados en capas; como una marioneta que en vez de hilos tenía tendones de los que tirar para obtener un determinado movimiento e identificar el músculo preguntado por el profesor. Los vasos sanguíneos no estaban pintados de colores como en los tratados de anatomía: las venas y las arterias tenían el mismo color pero no la misma consistencia, y los nervios se podrían confundir también a simple vista con cualquier vaso. Había que palpar para distinguir y a veces sujetar algún órgano con el fin de liberar la vista y penetrar en planos más profundos.
Así se formaron los médicos de las promociones aledañas a la mía, los médicos que hoy están atendiendo a la población española e importada y los que también están jubilados, ejerciendo en un sistema de salud pública que es de los mejores del mundo, que tiene el mejor sistema nacional de trasplantes por su eficacia y por su sostenibilidad. Pero en mi época éramos muchos y por ese motivo, y por la mala gestión de unos políticos ladrones e incompetentes, la Sanidad española se universalizó (gracias a Dios) con la precariedad de todos los sanitarios de este país; con la "bolsa histórica del MIR" que truncó muchas carreras y sembró la diáspora de sanitarios españoles hacia otros países.
Después, nuestros gorrones analfabetos, redujeron la formación sanitaria al mínimo y sistemáticamente se empeñan en desmantelar la Sanidad Pública con contratos basura, con recortes, con gestión foránea interesada, para que continúe la diáspora hacia otros países que solamente tienen que recibir a unos sanitarios de "pata negra" sin tener que gastarse un duro en su formación. Es para morirse y donar el cadáver a la poca ciencia y conciencia que queda en España, mientras estamos sobrados de caspa y roña.
Pero la muerte económica ha tocado a todos los sectores de la población española, menos a los MALEFICARUM, que aún no han encontrado su MALLEUS de hereje porque tienen hechizados a una gran mayoría que gozan de un cerebro fragmentado, como las preparaciones de mi sala de anatomía, esclerosado por el formol.
La pobreza mental y económica que se vive en España está propiciando que, en un país tan santurrón, que rendía un culto ridículo a la muerte (el ahorro de toda una vida para tener un panteón en el cementerio local), entregue su cadáver a la ciencia (la poca que ha existido aquí con el menosprecio de los gorrones consabidos) hasta el punto de desbordar las morgues de las facultades de medicina, por no poder pagar el oneroso entierro o cremación (que vale una pasta), en virtud del empobrecimiento general que vive España gracias a nuestros gorrones.
Decía Carlos Herrera en su programa que "la Moncloa está llena de cadáveres políticos colgados en ganchos, en sus sótanos": sería interesante una disección a semejantes especímenes para ver lo que tienen en sus entrañas; pura bilis y mucha mala leche, con las "rodajas de su cerebro vacías".
¡Qué despilfarro de cadáveres para tan pocas opciones…!
Ahora resulta que en las facultades de medicina hay pocos estudiantes y muchos cadáveres, tantos que resulta imposible almacenarlos y conservarlos; que faltan médicos en España y sobran muertos, que los médicos españoles se van a otros países para poder tener un sueldo digno y unas mínimas garantías profesionales y que los españoles, tan tradicionalmente apegados al culto de la muerte, prefieren donar su cadáver a una facultad de medicina antes de que sus familiares tengan que pagar el entierro o la cremación.
La ecuación de este país nunca sale: O falta o sobra, o nos pasamos o no llegamos... Y con nuestros políticos (que se reproducen como las ratas y cada vez roen más los cimientos de la sociedad) somos cadáveres sobrantes de una situación en la que ni siquiera la muerte tiene un acomodo digno. Los cementerios, con la cremación muy demandada y con la insolvencia de los ciudadanos ante la carestía de las pompas fúnebres, acabarán convirtiéndose en museos (de hecho, el cementerio de La Cariona en Avilés es ya un objeto de visita turística) o, sus nichos, en "soluciones habitacionales" de cierta ministra zapateril que, probablemente, tendrá en su armario unos "Manolos". El político al bollo y el ciudadano al hoyo.
Rascayu, cuando te maten los gorrones de este país ¿Qué harás tú?.
TEHERÁN 28 DE DICIEMBRE DE 1956. FILÓSOFO Y POLÍTICO IRANÍ
Hace unos días el diario EL PAÍS publicó un interesante artículo, LA REBELIÓN DE LA SINRAZÓN, del filósofo y político iraní Ramin Jahanbegloo, actualmente catedrático de Ciencias Políticas de la Universidad de Toronto; representante de la reivindicación democrática en su país y, doctorado en filosofía por La Sorbona y postgraduado en Harvard, una de las claves del aperturismo de Irán hacia la cultura occidental. Después de copiar y modificar en Word el comentario quedó así:
La rebelión de la sinrazón
Nos enfrentamos a diversas formas de absolutismo y fundamentalismo que nos han conducido a la unidimensionalidad del pensamiento y ponen en peligro los fundamentos básicos de la civilización humana En una ocasión Theodor Adorno afirmó que no era posible escribir poesía después de Auschwitz. Escribió esas famosas palabras en 1949, antes de que la palabra Auschwitz pasara a simbolizar el terror y la destrucción a gran escala que fue el Holocausto. La afirmación se enmarca en una crítica más general de la modernidad capitalista y la Ilustración, de la que Auschwitz y la barbarie nazi se consideran ramificaciones. En este sentido, cuando Adorno mencionó Auschwitz no aludía al campo de concentración de la Polonia ocupada, sino más precisamente a los perturbadores procesos culturales occidentales que produjeron lo que hoy se conoce como Holocausto. Un proceso que redujo a humo y cenizas a seres humanos vivos, reduciendo al tiempo todas las formas de discurso al nivel de lo innombrable. “Auschwitz niega todos los sistemas, destruye todas las doctrinas”, afirmó Elie Wiesel. Quizá por eso la afirmación de Adorno sea prácticamente inevitable al debatir la relación entre cultura y barbarie. En los últimos 50 años, la observación de Adorno ha sido una de las piedras de toque de quienes han escrito sobre la concepción de la cultura y en general sobre la historia de las ideas. Necesitamos analizar lo que podríamos calificar de paradigma pos-Auschwitz, tan evidente en las reflexiones de Adorno sobre la cultura posterior al Holocausto. Adorno expresa la imperiosa necesidad de representar las atrocidades nazis y la imposibilidad de hacerlo. Sin embargo, su llamamiento al silencio no puso fin a la posibilidad de la cultura después de Auschwitz, sino que más bien recalcó la paradójica situación en la que se encontraban poetas, escritores y filósofos después del Holocausto que, siendo una sistemática y mecánica aniquilación de los judíos, perversamente organizada con burocrática eficacia, destruyó la propia idea de cultura vigente hasta el siglo XX. Como escribió George Steiner: “Ahora sabemos que un hombre puede leer a Goethe o Rilke por la noche, que puede tocar a Bach y Schubert, y por la mañana acudir a su trabajo en Auschwitz”. Auschwitz constituye una aberración, una destrucción ilimitada de la condición humana Si Auschwitz formó parte esencial del proceso civilizador, parecería razonable decir que no solo tenía que ver con Alemania y con los judíos, sino con el conjunto de la humanidad. La paradoja a la que nos enfrentamos en tanto que sujetos posteriores al Holocausto aparece claramente en primer plano gracias a la siguiente actitud intelectual: guardar silencio y racionalizar ese silencio partiendo del reconocimiento de la incapacidad subjetiva para representar el horror no es más que una ilusión autocomplaciente. La cultura humana ya se había utilizado para envolver los crímenes más bárbaros. Hacer caso omiso de esa cultura después de tales atrocidades se considera una labor imposible. Es decir, Auschwitz es una aberración de nuestras esencias porque constituye una degradación y una destrucción ilimitadas de la condición humana. En consecuencia, no es un accidente o un error histórico, es un trauma de la civilización humana. Irónicamente, ese trauma no ha quedado detrás de nosotros en la historia contemporánea. Nos mira a la cara en el futuro en calidad de imperativo ético. Esto explica que, para la labor socrática de la cultura en el mundo actual, sea crucial mantenerse fiel a la ética. Esa fidelidad no consiste en desear que la propia vida vaya lo mejor posible, sino en hacer lo que es éticamente mejor para que sea diferente. Kierkegaard vio en este proceso el momento justo en el que se pasa de la “no verdad” a la “verdad”, del “no ser” al “ser”. En consecuencia, la idea de que se puede analizar la vida planteándose preguntas intemporales y universales sigue siendo tan revolucionaria hoy como en la época de Sócrates. Esta labor socrática de “vivir en la verdad” suscita el espectro de un problema más amplio: pensar en la cultura es una labor crítica que, sin embargo, se enmarca dentro de otra labor mayor: la lucha contra la mediocridad. Las épocas mediocres hacen de la labor socrática algo todavía más necesario y pueden conseguir que los individuos que buscan la excelencia sean más receptivos a sus lecciones. El hecho de que una entidad como la cultura, en apariencia impotente, sea realmente capaz de superar la mediocridad es en verdad sorprendente y alentador. Sin embargo, en muchos sentidos la cultura contemporánea es la peor enemiga de sí misma. La mediocridad, con su insistencia en la fama más que en la ejemplaridad, ha minado la repercusión moral del arte, la filosofía y la literatura en la sociedad contemporánea. El presente será incapaz de criticarse a sí mismo en tanto no pueda acceder a lo que le es ajeno o conceptualizarlo. Sin una crítica del conformismo general, el presente se extenderá indefinidamente y sin solución de continuidad hasta el futuro. En consecuencia, la crítica es la posibilidad de una ruptura, experimentada en el presente. Es una situación en el mundo vivido que ofrece posibilidades alternativas que exigen atención. Sin una crítica del conformismo general, el presente se extenderá indefinidamente hasta el futuro A la luz de esta idea de la crítica es donde el lúcido punto de partida de Ortega y Gasset encuentra hoy en día toda su pertinencia y relevancia. “La vida es, esencialmente, un diálogo con el contorno”, decía Ortega en 1924 en Las Atlántidas. En 1929 escribió La rebelión de las masas, libro en el que analizaba la crisis política y social que sufría Europa. No fue el único pensador en detectarla, pero su análisis fue especialmente importante, ya que para él las causas de tal situación radicaban en la generalizada distribución del poder social entre las masas. No hace falta decir que su evaluación, esencial cuando se escribió, resulta todavía más esencial y relevante al aplicarse a nuestro tiempo. En consecuencia, la “rebelión de las masas” no es un fenómeno privativo del siglo XX, ya que se ha abierto paso hasta el XXI y está cobrando impulso. La “rebelión de la sinrazón” es ahora un problema mundial. Nos enfrentamos a ella en la vida cotidiana, plasmada en diversas formas de absolutismo y fundamentalismo que ponen en peligro los fundamentos básicos de la civilización humana. En la sociedad contemporánea, la rebelión de la sinrazón también ha conducido a la unidimensionalidad del pensamiento y este, a su vez, al eclipse de la alta cultura y a la extinción de los valores intelectuales clásicos entre una población que se ha vuelto totalmente indiferente al sentido de la vida. Según Ortega, “no sabemos lo que nos pasa y eso es precisamente lo que nos pasa, no saber lo que nos pasa”. Esta observación, escrita por Ortega en Esquema de la crisis, indica claramente la pérdida de nuestra concepción del futuro. Lo cual confirma todas nuestras sospechas sobre la mediocrización de la cultura humana en el mundo actual. La humanidad ha quedado sola con varios gritos individuales en la oscuridad que nos animan a buscar señales de excelencia y nobleza en grandes documentos del pasado. Solo el tiempo nos dirá qué repercusiones tendrán esas nobles llamadas a la excelencia en las generaciones futuras, porque el tiempo es nuestro único pasaporte al futuro. Ramin Jahanbegloo, filósofo iraní, es catedrático de Ciencias Políticas en la Universidad de Toronto. Traducción de Jesús Cuéllar Menezo. Si pensamos en el filósofo y teólogo Kierkegaard, padre del existencialismo, con su Ética universal como única senda hacia la libertad del individuo que se crea a sí mismo a través de sus actos, en contra de la masa maleable y conformista, encontraremos grandes similitudes con José Ortega y Gasset:
"¿Cómo es este hombre-masa que domina hoy la vida pública?- la política y la no política- ¿Por qué es como es?; quiero decir, ¿cómo se ha producido? Conviene responder conjuntamente a ambas cuestiones, porque se prestan mutuo esclarecimiento. El hombre que ahora intenta ponerse al frente de la existencia europea es muy distinto al que dirigió al siglo XIX. Cualquiera mente perspicaz de 1820, de 1850, de 1880, pudo, por un sencillo razonamiento a priori, prever la gravedad de la situación histórica actual. Y, en efecto, nada nuevo acontece que no haya sido previsto hace 100 años. ¡"Las masas avanzan"!, decía, apocalíptico, Hegel, "sin un nuevo poder espiritual, nuestra época, que es una época revolucionaria, producirá una catástrofe", anunciaba Augusto Comte. "¡Veo subir la pleamar del nihilismo!", gritaba desde un risco de la Engadina el mostachudo Nietzsche. Es falso decir que la historia no es previsible. Innumerables veces ha sido profetizada. Si el porvenir no ofreciese un flanco a la profecía, no podría tampoco comprendérsele cuando luego se cumple y se hace pasado. La idea de que el historiador es un profeta del revés, resume toda la filosofía de la historia. Ciertamente que sólo cabe anticipar la estructura general del futuro; pero eso mismo es lo único que en verdad comprendemos del pretérito o del presente. Por eso, si quiere usted ver bien su época, mírela usted desde lejos. ¿A qué distancia? Muy sencillo: a la distancia justa que le impida ver la nariz de Cleopatra." (...)
(LA REBELIÓN DE LAS MASAS: VI COMIENZA LA DISECCIÓN DEL HOMBRE-MASA)
José Ortega y Gasset.
La historia de la raza humana es una repetición periódica de hechos y pensamientos que se suceden con la cadencia de un péndulo: los mismos errores y horrores amparados por por un poder absolutista y abusivo, o por un poder de la masa que reclama las excelencias no merecidas, en ambos casos no congruentes con la aportación personal. Una asunción de tareas horribles porque no hay espíritu crítico, solamente interés; solamente una masa que no se implica en la construcción de una Ética general en la que el ser humano sea el beneficiario y protagonista, con la moderación de los impulsos egocéntricos que todos tenemos.
EL CARRO DEL HENO (EL BOSCO): UNA ALEGORÍA DEL EGOÍSMO HUMANO.
Y como se puede deducir, la mediocridad impera en los gobiernos políticos y económicos con la voracidad y la sinrazón que caracteriza a todos los tiempos, el sano espíritu crítico brilla por su ausencia y la MASA coloniza la sociedad imponiendo su criterio injusto y destructivo:
Presidentes de bancos que arruinan la entidad y a muchos de sus cientes, con recompensas millonarias.
Presidentes de un estado que arruinan el país y se van a "contemplar nubes" con la vida resuelta.
Presidentes autonómicos que ponen en una encrucijada a sus votantes por interés personal.
Politiquillos que asumen la Consejería de Cultura y solamente saben fabricar faltas de ortografía por centímetro de texto escrito.
Jueces felones que confunden la Justicia con las témporas.
Empresarios cabrones e ineptos que ERE que ERE nos roban a los demás y a sus trabajadores.
Empleados públicos expertos "bajistas", que nos han jodido a los demás, con enfermedades crónicas y que nos resistimos a estar en ILT.
Sindicaleros "sin clase" que viven del cuento robando a los trabajadores que quieren trabajar pero no pueden.
Y, en general, mangantes políticos que han hecho de un servicio su profesión, porque no sirven para otra cosa, cobrándonos unos privilegios inasumibles para un país con millones de parados, muchos de los cuales sobreviven gracias a los Comedores de Cáritas y otras beneficencias.
No sé si me he dejado algo por comentar, pero el corolario que dejo es el comentado:
La historia se repite y la masa rebelde es como la plaga de langosta: al final acaba muriendo por su propia voracidad, que acaba con todo.
La sinrazón de la masa, que asume lo "políticamente correcto", sin el menor sentido crítico, nos lleva al abismo inevitable al que se arrastran nuestros políticos con su actitud de masa sin sentimiento, con la confusión de este caos que es puro egocentrismo interesado y respaldado por una sociedad unidimensional que ha perdido la perspectiva de la razón y la moral-ética, mientras maneja con soltura el GPS de un viaje a ninguna parte.
Cadáveres de inmigrantes ilegales en Lampedusa.
La tragedia de la isla de Lampedusa es un ejemplo de la incongruente cultura refinada de Europa contra el horror de una muerte por negación de auxilio, ante el temor de una ley injusta que castiga la solidaridad más elemental, equiparable a la exterminación sistemática de una raza que se considera amenazante. Ni siquiera estamos a salvo de la rapiña depredadora los "ciudadanos de pata negra", los europeos de pura raza, que vemos mermados nuestros derechos y nuestro bienestar por la mala gestión de los gobernantes.
Silvio Berlusconi: "Conmovido por las muertes de Lampedusa".
La masa se ha instalado en todos los estamentos de la sociedad y nos dirige desde el poder, político y económico, en un continuo contagio de su peste.
En latín, la palabra vértebra viene de vertebra-ae, que a su vez deriva del verbo Verto, verti, versum (girar); en griego la palabra equivalente sería espóndilos (σπονδυλος). Aclarada la etimología del título podemos empezar a ver la hermosura de España a través del único ojo que tenía Polifemo, el más grande y poderoso de los cíclopes, hasta que Ulises le dejó ciego. En "La España invertebrada (1921)" José Ortega y Gasset nos habla del desmenbramiento de España y del resto de las naciones por el nacionalismo y elseparatismo y también de una clase dirigente insuficiéntemente ilustrada para conducir los destinos del país. Si a lo anterior le añadimos "la rebelión de las masas" (1929, como libro) podríamos pensar, y pensaríamos bien, que la historia se repite en este país y en los demás de nuestro entorno. Los españoles y los demás europeos hemos sido cegados por nuestros Ulises/odiseos con la única diferencia de que tenemos dos ojos y nos queda uno, pero hemos perdido la visión estereoscópica y ya somos tan ciegos como Polifemo en sus mejores tiempos. Ya no vemos el relieve del terreno que pisamos y ya no calculamos las distancias de nuestros saltos mortales; ya nuestra mente, perdida la perspectiva, lo ve todo plano, en dos dimensiones: las dos dimensiones de una papeleta que se introduce en una urna tridimensional que no conduce a nada.
España está invertebrada y ya no puede girar para ver nuevos horizontes; España está espondilítica y ni siquiera se puede inclinar ante el poder establecido, que le pisa la cabeza sin compasión y sin saber quién calza la bota. España está tomada por los incompetentes que no saben cómo salir del laberinto: España está secuestrada por la masa de Ortega, que atraca supermercados y recorta la vida a los trabajadores que vivimos honradamente de una nómina, cada vez más paupérrima.
Dan ganas de embacar en un crucero sin rumbo, aunque sea el Titanic, y dejar esta tierra inhóspita para buscar un futuro honrado en cualquier lugar, lejos de nuestros políticos/verdugos/incompetentes que nos tapan los ojos y nos ofrecen una visión bidimensional mientras nos atracan a mano enguantada de blanco nuclear. No podemos seguir consintiendo que nuestros jóvenes con estudios universitarios tengan que mendigar trabajo de repartidores, y no podemos seguir consintiendo que los trabajadores cualificados y no cualificados, trabajando, estemos pagando una crisis que han generado nuestros políticos, que no han dado "palo al agua" en su putísima vida. Revindico la tridimensionalidad de miras y no la visión de Polifemo.
Les propongo un sencillo test, que seguramente conocerán, para comprobar su visión estereoscópica:
La imagen está tomada del libro "EL OJO MÁGICO"
Acérquense a la imagen con los ojos en visión lejana, sin fijarse en ningún detalle, y vayan alejándose de la pantalla lentamente hasta entrar en la tridimensionalidad ¿qué ven? ¿un nido con pájaros? ´¡Síiiiiiiii, gozan aún de la visión estereoscópica! (las personas con pérdida de visión en un ojo o con muy baja agudeza visual deberán abstenerse de hacer el experimento) y por tanto no deberían conformarse con la visión bidimensional que nos ofrecen los políticos de cualquier casta y país. No se puede seguir soportando tanta ineptitud a cambio de tantísimo privilegio y que nos metan el dedo en el ojo todos los días para convertirnos en cíclopes.
Conclusiones... ¿? cada cual la suya.
Y... Es que nuestros políticos son así: como el maestro ciruela, que no sabía "escrivir" y puso escuela. ¡¡ANGELICOS!!
Trasladada la corte de Asturias a León tras la muerte de Alfonso III en el año 910, por su hijo García I; el territorio de Asturias, política y administrativamente, pasa a formar parte de la Corona Astur-Leonesa, con unos límites geográficos bien definidos y acordes con los actuales. Oviedo pierde el carácter de corte y se empobrece en todos los sentidos, incluso en la disminución de su población; no obstante seguirá considerándose la única ciudad del interior y Avilés la ciudad costera. Como ya hemos dicho, en 1085 Alfonso VI (1065-1109) concede a ambas ciudades unos fueros (desaparecidos) que habría de ratificar Alfonso VII (1126-1157)-Oviedo en 1145 y Avilés en 1155- con la consiguiente relación especial entre el rey y los pobladores, reconocimiento de costunbres y leyes locales, reparto y explotación de las tierras...
El resto de la población de Asturias, en la alta edad media, se distribuye en pequeñas comunidades o villas (señoriales o de realengo) con una economía de supervivencia en la que había elementos comunes: hórreos para almacenar la cosecha (aún existen en pequeñas aldeas de Asturias hórreos que pertenecen porcentualmente a varios vecinos); molinos hidráulicos, que aprovechaban/aprovechan la corriente de un río para mover la muela, Etc...
Típico hórreo (horru) asturiano con las panojas de maiz secando. Véanse los 4 "pegollos"(pilares). con 6 pegollos o más, sería una panera.
En el S.XIII se conceden las primeras Cartas pueblas, que cambiarían la dinámica de las villas (generalmente autosuficientes en una economía de subsistencia, sustentada fundamentalmente en el trueque), otorgando autonomía y libertad a sus moradores en cuestiones económicas y después en la organización del territorio. Las villas explotaban todos los recursos naturales: la agricultura (principalmente la escanda: la Escandalera de Oviedo se llama así por el mercado de pan de escanda que había, constituyendo también una forma de pago sin transformación); la pesca fluvial y marítima, con las distintas especies; la caza, tan abundante en especies cinegéticas; y también la producción de sal en las zonas costeras, tan apreciada en la edad media como el principal elemento de conservación de los alimentos (de esta palabra deriva el término salario, porque a los trabajadores de las salinas se les pagaba en sal-del latín salarius-a-um: perteneciente a la sal). Durante los S. X y XI, las salinas proliferaron entre la ría de Avilés y la desembocadura del río Nalón; eso sí, con un pobre rendimiento que las hizo inviables con la apertura del comercio exterior y la importación de sal de otros países atlánticos.
Plaza de la escandalera, antes del 27 de Marzo, en una fotografía de principios del S. XX.
Al fondo, en el centro de la imagen, el frontón del Teatro Campoamor.
En esta época la población se divide en dos grandes grupos: los libres y los no libres (siervos y colonos) y estos últimos, a finales del S. XII, pasarían a engrosar las filas de los libertos que, a pesar de ser libres pero carentes de tierras y bienes, seguirían siendo dependientes de los señores económicamente y también en sus vidas privadas (matrimonio, desplazamientos...), obligados por las circunstancias a trabajar las tierras del señorío y a pagar tributo por su explotación, tanto en época de bonanza como de malas cosechas, hasta llegar a depender totalmente de los señores en el S. XIII. La sociedad medieval estaba muy centrada en la guerra y los señores debían defender constantemente sus propiedades y también a los siervos que mantenían sus haciendas. No es de extrañar que el estamento militar tuviera cierta consideración o trato de favor en la sociedad medieval, y la pertenencia a la milicia fuese una forma de promoción social: muchos militares serían recompensados con tierras y posesiones, con plenos derechos de posesión y administración, que les permitiría "fundirse" con la clase noble. Entre la rancia nobleza (a la que se accedía por derecho de sangre, por riqueza o por concesión real en pago a la lealtad a la corona y/o por servicios prestados al monarca) y la nobleza "de facto" antes comentada, había una condición intermedia de la que gozaban algunos campesinos libres: el milite (que disponía de jumento y armamento propio) y el infanzón ohijodalgo (hidalgo) , que no poseía tierras pero tenía ciertos privilegios fiscales.
Después de trasladada la corte a León por García I, hijo del rey magno; entre los siglos X y XIII se produce en Asturias, parcialmente descristianizada por el traslado a la corte leonesa de la mayoría de los clérigos, dos fenómenos contrapuestos: por una parte, la fragmentación de las tierras secundaria al reparto en herencia entre los descendientes de los propietarios; por contra, la formación de grandes patrimonios fundiarios producto de donaciones, compras y expolios que adoptarían con frecuencia la apariencia de monasteria, amplias explotaciones agrarias en las que convivian familias libres, esclavos y también clérigos; todos ellos sometidos a la autoridad de un abad y regidos por unas normas de convivencia, que se extendían por todo el Reyno de Asturias: desde el Ebro hasta el Atrántico. Concretamente en Asturias podrían citarse:
San Vicente de Oviedo (781); San Pedro, San Pablo y San Vicente de Trubia (863) y Santa Eulalia de Herías (932). Habían nacido los Señoríos Eclesiásticos, de los que seguiremos hablando así como de la historia de Asturias.
Les dejo con el primer movimiento (especialmente) del Capricho Español de Nikolai Rimsky-Korsakov, que no es más que la versión orquestal de La alborada asturiana, una pieza popular para gaita y pandero: Véase la interpretación de la percusión, oboes y corno inglés.