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sábado, 8 de marzo de 2014

MALDITISMO, LOCURA Y POESÍA.


Leopoldo María Panero (fotografía tomada de EL PAÍS).


   Se ha muerto Panero hijo, el novísimo poeta maldito de una saga de poetas que llevan el mismo apellido, que arrastró la locura hasta la profesionalización de ese "malestar" que consiste en la "perversión" del pensamiento en el contenido pero no en la forma, con la ayuda de una biografía y de las múltiples drogas que consumió. Quizás "entre dos aguas", como la famosa composición de nuestro Paco de Lucía, muy recientemente fallecido con un año más que Leopoldo; por una familia bien, de padre falangista y poeta famoso, y la aspiración de un joven Leopoldo que asumió el espíritu de una generación nueva, trató de romper con el contumaz pasado de una guerra que no vivimos y se salió de madre (nunca mejor dicho) para caer en un nuevo nihilismo, en una espiral de autodestrucción: Ya se sentía más protegido en los servicios de psiquiatría que en su libre albedrío; ya consiguió ese suicidio anunciado durante toda una existencia de transgresión y rebeldía contra si mismo y, quizás, lo que le atenazaba del contexto familiar.
  Panero, nuestro Panero disártrico y deconstruído como la tortilla española del Bulli, fue incluído por Castellet en su "Nueve novísimos poetas españoles y huésped durante la mayor parte de su vida adulta de diferentes instituciones psiquiátricas"
 No he leído mucho a Panero ni a su padre porque he tenido mi "panero" particular, fallecido a la misma edad que Leopoldo, poco antes. Llamémosle Pe.
  Pe cayó en la esquizofrenia siendo muy joven y pasó muchas etapas de su vida en el manicomio de La Cadellada de Oviedo, con salidas a la realidad que le hicieron conocido en la ciudad que habito, más por su cultura literaria y buen hacer como articulista aficionado en periódicos y revistas locales, que por su comprensible afán de gozar del encanto de una mujer, sin llegar a la violencia de género ni a la violación. Él mismo relataría la cruel broma de que fue objeto en su casi adolescencia, cuando se le propuso un encuentro amoroso con una chica en un piso, que resultó ser un bujarrón. Pe nunca cayó en las drogas ni en el alcohol, sólo fumaba un purito mientras tomaba el café en un local de su barrio, que es el mío. Un intento de suicidio le mantuvo ingresado varios meses en el Servicio de Traumatología del hospital comarcal pero salió incólume de su encuentro con el asfalto, de su encuentro brutal con la dura realidad. Siguió escribiendo, aunque menos, hasta llegar al punto de pasear los libros de su biblioteca, regalándolos o vendiéndolos en almoneda. Pe me regaló algunos libros y también le compré uno: todos estaban centrados en el tema psiquiátrico, cosa que le obsesionaba hasta el punto de ir a visitar el edificio de La Cadellada, ahora en reformas por la construcción del nuevo Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA), como le obsesionaba la idea de Dios. Descansa en paz, amigo loco, porque la muerte, supongo, es la curación total de todos los males, físicos, mentales y anímicos; porque en la Mansión de Hades todas las almas están idas, menos las lúcidas, como la del sabio tebano Tiresias.

(carta al padre)

Solos tú y yo, e irremediablemente
unidos por la muerte: torturados aún por
fantasmas que dejamos con torpeza
arañarnos el cuerpo y luchar por los despojos
del sudario, pero ambos muertos, y seguros
de nuestra muerte; dejando al espectro proseguir en vano
con el turbio negocio de los datos: mudo,
el cuerpo, ese impostor en el retrato, y los dos siguiendo
ese otro juego del alma que ya a nada responde,
que lucha con su sombra en el espejo-solos,
caídos frente a él y viendo
detrás del cristal la vida como lluvia, tras del cristal asombrados
por los demás, por aquellos Vous etes combien? que nos sobreviven
y dicen conocernos, y nos llaman
por nuestro nombre grotesco, ¡ah el sórdido, el
viscoso templo de lo humano!
Y sin embargo
solos los dos, y unidos por el frío
que apenas roza brillante envoltura
solos los dos en esta pausa
eterna del tiempo que nada sabe ni quiere, pero dura
como la piedra, solos los dos, y amándonos
sobre el lecho de la pausa, como se aman
los muertos
«amó», dijiste, autorizado por la muerte
porque sabías de ti como de una tercera persona
bebió dijiste, porque Dios estaba (Pound dixit)
en tu vaso de whiski
amo bebió, dijiste, pero ahora espera
¿espera? y en efecto la resurrección
desde un cristal inválido te avisa
que con armas nuestra muerte florece
para ti que sólo
sabías de la muerte. Aquí
¿debajo o por encima?
de esta piedra
tú que doraste la sobrenatural dureza y el
dolor sobrenatural de los edificios desnudos
¿en qué perspectiva
—dime— acoger la muerte?
en la mesa de disección
tú que danzaste
enloquecido en la plaza desierta
tropezando
hiriéndote las manos en el trapecio del silencio
en pie contra las hojas muertas que
se adherían a tu cuerpo, y contra la hiedra que tapaba
obsesivamente tu boca hinchada de borracho,
danzas, danzaste
sin espacio, caído, pero
no quiero errar en la mitología
de ese nombre del padre que a todos nos falta,
porque somos tan sólo hermanos de una invasión de lo imposible
y tus pasos repiten el eco de los míos en un largo
corredor donde
retrocedo infatigable, sin
jamás moverme
¡ah los hermanos, los hermanos invisibles que florecen,
en el Terror! ¡Ah los hermanos, los hermanos que se defienden
inútilmente de la luz del mundo con las manos,
que se guardan del mundo por el Miedo, y cultivan en la sombra
de su huerto nefasto la amenaza de lo eterno, en
el ruin mundo de los vivos! ¡Ah los hermanos,
Y el ave,
el ave que vuela sobre el mundo en llamas, diciendo solo
a los mortales que se agitan debajo, diciendo
solo: ABISMO, ABISMO!
Abismo, sí, tibia guarida
de nuestro amor de hermanos, padre.
¡Pero tan solos!
¡Tan solos! Fantasmas que hace visible la hiedra
—como hiedramerlín como niñadecabezacortada como
mujermurciélago la niña que ya es árbol—
crecen hojas
en la foto, y un florecer te arranca
de los labios caníbales de nuestra madre Muerte, madre
de nuestro rezo
florecen los muertos florecen
unidos acaso por el sudor helado
muerto de muchas cabezas hambrientas de los vivos
te esperamos ave, ave nacida
de la cabeza que explotó al crepúsculo
ave dibujada en la piedra y llena
de lo posible de la dulzura, de su sabor
ajeno que es más que la vida, de su crueldad
que es más que la vida
¡ira
de la piedra, ira que a la realidad insulta,
que apalea
a la cabaña torpe de la mentira con verbos
que no son, resplandecen, ira
suprema de lo mudo!
(te esperamos
en la delgada orilla de lo que cae, en el prado
nocturno que atraviesan lentos
los elefantes
percibís el frío
la
conspiración de las algas,
gelatina, escamas, mano
que sobresale de la tumba
manos que surgen de la tierra como tallos
surcos arados por la muerte,
cabezas de ahorcados que echan flor:
decapitados que dialogan
a la luz decreciente de las velas,
¡oh quién nos traerá la rima
la música, el sonido que rompa la campana
de la asfixia, y el cristal borroso
de lo posible, la música del beso!
De ese beso, final, padre, en que desaparezcan
de un soplo nuestras sombras, para
asidos de ese metro imposible y feroz, quedarnos
a salvo de los hombres para siempre,
solos yo y tú, mi amada,
aquí, bajo esta piedra.

 Un autor difícil de entender, sórdido y lúcido en su expresión, que desgarra sus sentimientos más íntimos y personales en una vivencia, quizás distorsionada por su creciente alienación, familiar y personal. Cristal borroso o caverna de Platón, que contempla la vida en el negativo de las sombras chinescas; no sé nada, como Sócrates, y no pretendo ser maestro de Platón.

«Fifteen men on the Dead Man's Chest.
Yahoo! And a bottle of rum!»

Canción pirata

Fumo mucho. Demasiado.
Fumo para frotar el tiempo y a veces oigo la radio,
y oigo pasar la vida como quien pone la radio.
Fumo mucho. En el cenicero hay
ideas y poemas y voces
de amigos que no tengo. Y tengo
la boca llena de sangre,
y sangre que sale de las grietas de mi cráneo
y toda mi alma sabe a sangre,
sangre fresca no sé si de cerdo o de hombre que soy,
en toda mi alma acuchillada por mujeres y niños
que se mueven ingenuos, torpes, en
esta vida que ya sé.
Me palpo el pecho de pronto, nervioso,
y no siento un corazón. No hay,
no existe en nadie esa cosa que llaman corazón
sino quizá en el alcohol, en esa
sangre que yo bebo y que es la sangre de Cristo,
la única sangre en este mundo que no existe
que es como el mal programado, o
como fábrica de vida o un sastre
que ha olvidado quién es y sigue viviendo, o
quizá el reloj y las horas pasan.
Me palpo, nervioso, los ojos y los pies y el dedo gordo
de la mano lo meto en el ojo, y estoy sucio
y mi vida oliendo.
Y sueño que he vivido y que me llamo de algún modo
y que este cuento es cierto, este
absurdo que delatan mis ojos,
este delirio en Veracruz, y que este
país es cierto este lugar parecido al Infierno,
que llaman España, he oído
a los muertos que el Infierno
es mejor que esto y se parece más.
Me digo que soy Pessoa, como Pessoa era Álvaro de Campos,
me digo que estar borracho es no estarlo
toda la vida, es
estar borracho de vida y no de muerte,
es una sangre distinta de esa otra
espesa que se cuela por los tejados y por las paredes
y los agujeros de la vida.
Y es que no hay otra comunión
ni otro espasmo que este del vino
y ningún otro sexo ni mujer
que el vaso de alcohol besándome los labios
que este vaso de alcohol que llevo en el
cerebro, en los pies, en la sangre.
Que este vaso de vino oscuro o blanco,
de ginebra o de ron o lo que sea
—ginebra y cerveza, por ejemplo—
que es como la infancia, y no es
huida, ni evasión, ni sueño
sino la única vida real y todo lo posible
y agarro de nuevo la copa como el cuello de la vida y cuento
a algún ser que es probable que esté
ahí la vida de los dioses
y unos días soy Caín, y otros
un jugador de poker que bebe whisky perfectamente y otros
un cazador de dotes que por otra parte he sido
pero lo mío es como en «Dulce pájaro de juventud»
un cazador de dotes hermoso y alcohólico, y otros días,
un asesino tímido y psicótico, y otros
alguien que ha muerto quién sabe hace cuánto,
en qué ciudad, entre marineros ebrios. Algunos me
recuerdan, dicen
con la copa en la mano, hablando mucho,
hablando para poder existir de que
no hay nada mejor que decirse
a sí mismo una proposición de Wittgenstein mientras sube
la marea del vino en la sangre y el alma.
O bien alguien perdido en las galerías del espejo
buscando a su Novia. Y otras veces
soy Abel que tiene un plan perfecto
para rescatar la vida y restaurar a los hombres
y también a veces lloro por no ser un esclavo
negro en el sur, llorando
entre las plantaciones!
Es tan bella la ruina, tan profunda
sé todos sus colores y es
como una sinfonía la música del acabamiento,
como música que tocan en el más allá,
y ya no tengo sangre en las venas, sino alcohol,
tengo sangre en los ojos de borracho
y el alma invadida de sangre como de una vomitona,
y vomito el alma por las mañanas,
después de pasar toda la noche jurando
frente a una muñeca de goma que existe Dios.
Escribir en España no es llorar, es beber,
es beber la rabia del que no se resigna
a morir en las esquinas, es beber y mal
decir, blasfemar contra España
contra este país sin dioses pero con
estatuas de dioses, es
beber en la iglesia con música de órgano
es caerse borracho en los recitales y manchas de vino
tinto y sangre «Le livre des masques» de Rémy de Gourmont
caerse húmedo babeante y tonto y
derrumbarse como un árbol ante los farolillos
de esta verbena cultural. Escribir en España es tener
hasta el borde en la sangre este alcohol de locura que ya
no justifica nada ni nadie, ninguna sombra
de las que allí había al principio.
Y decir al morir, cuando tenga
ya en la boca y cabeza la baba del suicidio
gritarle a las sombras, a las tantas que hay y fantasmas
en este paraíso para espectros
y también a los ciervos que he visto en el bosque,
y a los pájaros y a los lobos en la calle y
acechando en las esquinas
«Fifteen men on the Dead Man's Chest
Fifteen men on the Dead Man's Chest
Yahoo! And a bottle of rum!»

  El poema comienza y termina con la canción pirata de la magnífica novela de Robert Louis Stevenson "LA ISLA DEL TESORO", que cantaba el viejo pirata, a las órdenes del Capitán Flint, al llegar a la POSADA DEL ALMIRANTE BENBOW (famoso almirante inglés -1653-1702- que murió tras perder una pierna en el motín llevado a cabo por sus oficiales):

  "Quince hombres sobre el baúl del muerto...

   ¡Yujujú, y una botella de ron!

Belcebú y la bebida acabaron con su vida...

  ¡Yujujú, y una botella de ron!

 Y pertenece a "la canción del croupier del Mississipi"
 
  Nuestro poeta acabó recibiendo "la Marca negra" de la vida, que no del enviado de Flint, en su reclusión psiquiátrica de Mallorca.
 
 Descansen en paz nuestros "locos" Panero y Pe, como el contrapunto necesario para los "cuerdos" que no podemos traspasar la barrera de la cordura pero estamos cade vez más locos, en una locura blanca y transparente social y políticamente correcta.
 
 
 
 


miércoles, 16 de mayo de 2012

ALFONSO CAMÍN MEANA: ENTRE MANZANOS Y ENTRE PALMERAS.

ALFONSO CAMÍN.
"Ye un mozu que gasta chambergo sin plumes,
que tién la sesera fantástica y lloca;
por toda fragancia (sin otros perfumes ),
la pipa en la boca;
que tién una cara con güeyos de lince,
que non están quietos de inviernu y veranu;
 que tién una llengua que fala por quince...
Y el palu en la mano".

Así definía a Alfonso Camín Meana ( La Peñuca, Roces, Gijón el 2 de agosto de 1890-Porceyo, Gijón el 12 de diciembre de 1982) el poeta Marcos del torniello, también asturiano.
Gran nariz presidía la cara del poeta (semejante a Cyrano de Bergerac)  y también la gran lid calderoniana que protagonizó su vida rebelde y en constante rebeldía, en contra de la pobreza y la explotación laboral que vivía Asturias y el mundo entero. A los trece años se enfrentó, por primera vez, a un jurado después de participar en una reyerta en la romería de Roces ( su lugar de nacimiento), tras su paso por el hospital y la cárcel-supongo que sería el Hospital de Jove y la cárcel del Coto, ambas instituciones ubicadas en Gijón-logrando la absolución después de narrar en verso sus razones a la esposa del Presidente de la República de España. Dos años más tarde, a los quince, se embarcaría con destino a Cuba después de estudiar en las Escuelas Públicas de Roces, Ceares y Granda, pertenecientes al municipio de Gijón.

Típica romería asturiana.
 Escucho a los malvises

No sólo fue mi infancia cruzar los campos solos,
el pan y la sardina, la planta que se hiela,
las tardes en la grava, las noches en la escuela
y a palo y a navaja reñir con los "pirolos".

Bajo los robles juego cuatreadas a los bolos,
me paro en los trigales a oír la "parpayuela";
admiro a la calandria que hasta las nubes vuela
y en San Martín contemplo las nieves de dos polos.
Escucho a los malvises cantando sobre el mato,
 entre helechales verdes me enredo y desenredo,
revuela y estremece las frondas el "ñervato".

Me pierdo por los bosques, me embriago en el lloredo
 y llevo a los caminos rumores de regato,
viento de mar y viento de roble y castañedo.

Camín, que no vivió mucho en España por su emigración temprana cuando era un adolescente (1905) , no utilizó el bable en la mayoría de sus obras aunque en este poema, escrito en la enmigración, resume sus vivencias en Asturias durante su infancia, con recuerdos que pueden ser similares a los de cualquier visitante de nuestra tierra en las sensaciones que ofrece, pero no en la tristeza de una vida pobre en la que un niño debe ganarse un jornal "en la grava" (se refiere a la cantera de Contrueces, otro barrio de Gijón, en la que trabajó con su padre) y después asistir a la escuela nocturna. La inagotable imaginación de un niño obrero, que recorre a píé el camino desde su casa hasta el trabajo, palpando el terreno con los cinco sentidos, nos describe brevemente el milagro de una naturaleza que aún existe, incluso en las ciudades: El vuelo de la calandria, y el canto del malvís en otoño así como el revolotear del ñervato/ñarvato/ñervatu (tordo negro o mirlo) entre la hojarasca del lloredo/lloréu (el Laurus Nóvilis o laurel, tan abundante en Asturias), que juega a esconderse o huye percipitadamente a tu paso. Rumores de regato le acompañan, mientras escucha la parpayuela (codorniz) en los trigales.

FAUNO ASTUR

No sólo fue mi infancia caleros y canteras,
escarcha, pié descalzo por sendas pedregosas;
también tuve mis diálogos con la abeja y la rosa
y me daban los higos maduros las higueras.

Tuve un laurel florido todas las primaveras,
manzanos y cerezos guindos en la llosa (huerto);
la cerca en membrillares era tan olorosa,
que se iban aromando las gentes forasteras.

Al hombro o a la cabeza la berrada luminosa,
bajaban a la fuente las mozas casaderas,
los muslos opulentos, la planta victoriosa,

Los senos levantados, rotundas las caderas;
me daban los castaños su flauta melodiosa
y yo era como un fauno tumbado en las praderas.

  Camín dejó Gijón con quince años, huyendo de la pobreza y de la guerra de Marruecos, recomendado a un pariente en La Habana (1905-1908), malviviendo en distintos trabajos por "la comida y el jergón" hasta el punto de padecer una ceguera temporal, producto de la desnutrición. Su rebeldía e insolencia le costaron algunos puestos de trabajo y alguna disputa sangrienta, mientras se iba forjando una reputación como periodista en algunos diarios habaneros de la época (El Cubano Libre, Diario de La Marina, Diario Habana) y después como escritor (en 1913 publica Adelfas, su primer libro). Pero el trabajo en ultramar se le queda pequeño y decide regresar a España, en 1915, como corresponsal en España del Diario de La Marina de Cuba, para la I Guerra Mundial. En Madrid, logra publicar en la revista La esfera y el diario El Liberal, publicando también su libro La Ruta.
 De regreso a Cuba, su carácter explosivo y su espíritu pugnaz le enredan en una nueva reyerta sangrienta, como aquellos helechales verdes de su Gijón natal,  esta vez sin poder desenredarse del peligro de un jurado y después una probable cárcel. Representante del Modernismo para algunos, de la generación del 27 para otros, es para mí un sujeto peculiar que comparte los rasgos vitales de artistas y poetas como Benvenuto Cellini o François Villon, con vidas fructíferas en el arte y la literatura marcadas por sombras e infiernos.

La Ballade des pendus
François Villon (1431-1463)

Frères humains qui après nous vivez
N'ayez les coeurs contre nous endurciz,
Car, ce pitié de nous pauvres avez,
Dieu en aura plus tost de vous merciz.
Vous nous voyez ci, attachés cinq, six
Quant de la chair, que trop avons nourrie,
Elle est piéca devorée et pourrie,
Et nous les os, devenons cendre et pouldre.
De nostre mal personne ne s'en rie:
Mais priez Dieu que tous nous veuille absouldre!

Se frères vous clamons, pas n'en devez
Avoir desdain, quoy que fusmes occiz
Par justice. Toutefois, vous savez
Que tous hommes n'ont pas le sens rassiz;
Excusez nous, puis que sommes transsis,
Envers le filz de la Vierge Marie,
Que sa grâce ne soit pour nous tarie,
Nous préservant de l'infernale fouldre
Nous sommes mors, ame ne nous harie;
Mais priez Dieu que tous nous vueille absouldre!

La pluye nous a débuez et lavez,
Et le soleil desséchez et noirciz:
Pies, corbeaulx nous ont les yeulx cavez
Et arraché la barbe et les sourciz.
Jamais nul temps nous ne sommes assis;
Puis ca, puis là, comme le vent varie,
A son plaisir sans cesser nous charie,
Plus becquetez d'oiseaulx que dez à couldre.
Ne soyez donc de nostre confrarie;
Mais priez Dieu que tous nous vueille absouldre!

Prince Jhésus, qui sur tous a maistrie,
Garde qu'Enfer n'ait de nous seigneurie:
A luy n'avons que faire ne que souldre.
Hommes, icy n'a point de mocquerie;
Mais priez Dieu que tous nous vueille absouldre!

   Después del incidente cubano emigra a México en 1917 para continuar su obra periodística, en diarios como El Universal y Excelsior y también en revistas españolas como Rojo y Gualda y Castillos y Leones. En 1952 publicaría en México su primer tomo de Entre Manzanos (los poemas "Escucho a los malvises y Fauno astur pertenecen a este tomo) como un recuerdo de la infancia en Asturias; el segundo tomo de sus memorias, Entre Palmeras, se publicaría en 1958 como contrapunto de su azarosa vida en América. Entre México y España viviría nuestro poeta hasta la Guerra Civil española, con una producción ingente de poesía, prosa, artículos periodísticos y revistas fundadas por él, para exilarse en México, su segunda patria.

"En 1967, cuando tenia mas de setenta y siete años, decide volver a España, en compañía de su mujer (Rosario Armesto Jurjo, secretaria y musa), desembarcando en Gijón y con un único equipaje, compuesto por centenares de libros. Al llegar, se da cuenta que nadie conoce su obra, pese a lo cual, el Centro Asturiano de Madrid procura que el intelectual pueda volver a vivir en nuestro país. Gracias a este centro y a otros adscritos a él, el poeta fue pronto «resucitado » en su patria (pese a los problemas «administrativos» que le fueron creando aquellos para quienes la presencia de Camín en España no era «muy grata»). El poeta se refugia en su villa natal, pero el Centro Asturiano procura su pronta incorporación a la vida nacional (La «Cátedra Jovellanos» del Centro Asturiano de la capital de España le concedió la «Manzana de Oro»); por su parte, el ayuntamiento de Gijón y la Diputación de Oviedo otorgan pronto su nombre a varias calles, llegando a otorgarle un gran homenaje en el que le dan el nombramiento de «Poeta de Asturias». Finalmente, aún en estos años sesenta, en el Campo de San Francisco le levanta el Ateneo un monumento en el que se graban sus palabras, «Si soy el roble con el viento en guerra, ¿cómo viví con la raíz ausente?, ¿cómo se puede florecer sin tierra?» (Retorno a la tierra / Méjico-1948)
Fallece en Gijón en 1982 a los noventa y dos años de edad (y poco después muere su mujer), dejando una extensa obra. Sobre sus publicaciones, artículos y ensayos, la Revista Alto Nalón ha realizado varios números especiales. Por su parte, el poeta asturiano Albino Suárez, que se considera su discípulo mas cercano, ha compilado su obra. (La presente biografía se toma del numero dedicado al vigésimo aniversario de su muerte, partiendo de los datos dados por M. García Pardo.) " (tomado de la ENCICLOPEDIA DE OVIEDO).

 MIS VERSOS
(Habana 1910)

¿Que mis versos son rudos? Son nacidos de un alma
que no sabe de ensueños, ni ha vivido en París,
ni ante humanas muñecas reteñidas de afeites
desfloró  el pensamiento de su testa viril.
Versos hijos del alma conque alientan los robles,
hace siglos heridos, y hace siglos en pie,
desdeñosos al hacha que en sus troncos se mella
y al gusano que logra sus entrañas roer.
Versos hijos de un rudo corazón de combate,
como puños en guardia y en un reto hacia el Sol.
¡Yo anhelara que fueran cual las rocas mis versos
que desdeñaran, altivas, de la mar el furor,
y ya estén en las cumbres o en los hondos abismos,
inmutables y rudas, cada roca es un dios!
Aún me anima el espíritu de Pelayos y Cides
(yo desprecio las guerras; pero admiro el valor).
Aún admiro los triunfos de Castilla, la hidalga.
Y aún me queda la sangre del hispano León.
Es inútil la afrenta. La total desventura
Es inútil. Mis versos son igual que yo soy.
 ¡Soy el mar de Cantabria, soy la Torre de Hércules;
Soy las islas Azores, soy el mar de Colón.

 Todo un personaje universal pero humilde, unido a un paisaje y paisanaje de lo más diverso. Legítimo representante de la diáspora asturiana y española, que pasa de "guaje" a personaje a través de una contrucción personal sufrida, reñida en combate... Pero sentida y finalmente posada en el "lloréu", como el malvís o el "ñervatu", "dando la parpayuela" con el vecino después de una agotadora jornada de trabajo, o una agotadora existencia. Creo que ese fue Alfonso Camín.

       
Gijón
El Gijón que no vivió Camín.