sábado, 6 de agosto de 2011

LA CARA OCULTA DE LA LUNA.

 Todos tenemos una cara oculta, algunos más que otros, pero la ocultación puede significar intimidad o símplemente el enmascaramiento de una actividad clandestina que está penada por la ley o por la moralidad vigente; no es mi caso ni el de la mayoría, pero nos reservamos nuestra cara oculta, nuestros pensamientos, para nosotros, para gozar de una intimidad a la que toda persona tiene derecho y necesidad, sin convertirnos en una máquina de misterios previsibles. Pero nos gusta "largar" y comunicar con muchas personas por distintos motivos: Comunicar para darnos a conocer, practicar una catarsis en nuestra mente, hacer amigos; o simplemente, dar rienda suelta a nuestro narcisismo. Somos así.
   Al final, nuestra cara oculta no desvela nada interesante y es más de lo mismo: intimidad sin complicaciones y ganas de llegar al otro; un  intento de comunicación con media cara oscurecida por la incidencia de la luz que se antoja oscura y que no tiene secretos. La levedad del ser y el estar; la vigilia compartida con el dormir y soñar, porque la vida es sueño y la muerte es el sueño eterno.
Sic transit gloria mundi.
Esta es la entrada más estúpida que he introducido en mi blog, machacona y reiterativa, y por ello no pretendo ninguna contestación .
 Pero ahí está y no me arrepiento.

lunes, 1 de agosto de 2011

MENORCA, RESERVA DE LA BIOSFERA.

 La isla de Menorca es el territorio insular y peninsular español más oriental, el trozo de tierra española en el que amanece primero. Una pequeña isla mediterránea (Minorca, de los romanos) repleta de historia y de una belleza que satura los sentidos. La tranquilidad agitada y viva de sus ciudades, la exuberancia de sus bosques mediterráneos y la pureza de sus aguas y playas/calas, son el mejor aliciente para visitarla o elegirla como residencia.
 La historia comienza en el año 2000 A.C con las TAULAS (en catalán y mallorquín=mesa) como monumentos pétreos exclusivos de Menorca, que constaban de un rectángulo de piedra clavado en el suelo que culminaba con una piedra, también rectangular, en horizontal y formando una T con el elemento vertical.

 Después habrían de sucederse Fenicios, Cartagineses....hasta la llegada de los romanos, en el año 123 AC con la conquista  de CECILIO METELO, época en la que se establece el primer municipio-Portus Magonis-que es la actual Mahón o Maó. También hubo piratas y musulmanes y en 1229 Jaime I de Aragón somete a los musulmanes pero no logra expulsarlos; esa expulsión habría de llevarla a cabo su hijo, Alfonso III, en 1286.
Escultura de Alfonso III en una plaza de Maó.
 Golosa isla, perla del Meditrráneo, que sería codiciada por muchos países: Inglaterra la conquista en 1713 y le pertenece hasta 1756; toma el relevo Francia en ese mismo año hasta 1763, fundando la ciudad de Sant Lluis y es Camí de Cavalls, que rodéa la isla; nuevamente Inglaterra, tras el tratado de París, toma posesión de la isla, fundando la ciudad de Georgestown, actualmente Es Castell, hasta que en 1802, por el tratado de Amiens, pasa a la soberanía de España hasta hoy, Per in saecula saeculorum.

Puerto de Mahón. Fotografía  de Jano.
 Llegar a Menorca es relativamente fácil: en avión o en ferry (los más pudientes podrán hacerlo en su yate) desde los distintos puertos de las costas de levante (la ventaja de esta última opción es que puedes llevarte el coche y no tener que recurrir al alquiler, generalmente más caro y con contratos que esconden una franquicia; y disfrutar de una travesía por uno de  los mares más míticos y espectaculares de la Tierra) . Una vez que llegas, el hermoso paisaje de la isla te acompañará brevemente hasta el destino que hayas elegido porque las distancias son pequeñas en esta joyita del Mediterráneo; y ya instalado en tu hotel, chalet con servicio o sin él, o cualquier chamizo elegido, empezarás a disfrutar de una naturaleza que merece la pena conocer. Si eliges un RESORT en régimen de "todo incluído" podrás disfrutar de dicho régimen cuando te apetezca y podrás elegir plato. También podrás participar en las actividades del hotel o sencillamente sestear en el césped que hay delante de la terraza de tu apartamento.

Todo incluído. Por Jano.

 Pero lo más interesante en Menorca, como en cualquier otro lugar, es visitar el lugar y disfrutar de los muchos atractivos que ofrece. 

La siesta del erizo. Fotografía de Jano.
 En la pequeña isla de Menorca se puede disfrutar de la tierra,de sus ciudades y pueblos y del mar. Ciudades como Mahón, con su hermoso puerto y la tranquilidad de una capital;de algunos monumentos y terrazas donde degustar pescados y mariscos frescos, y especialidades como las ortigas rebozadas (anémonas de mar rebozadas y fritas), algunos quesos artesanos isleños (poca variedad, francamente) y la sobrasada menorquina, toda una especialidad balear. Para los más golosos, las confiterías ofrecen unos productos muy tentadores, presididos por la ensaimada. La tranquilidad reinante en la isla se rompe con fiestas como la de Sant Joan, en Ciutadella, con la invasión de caballos y sus jinetes y un ejército de jóvenes dispuestos a romper la rutina, más allá de la duración de la fiesta.
 De Maó a Ciutadella discurre la carretera principal de Menorca, con Es Mercadal como nudo de enlace principal entre el norte y el sur, a través de carreteras secundarias que te conducirán a todas las playas y las calas de la isla, todo ello presidido por la mayor altura: El toro (357 metros de altitud), con el Santuari de la Mare de Deu, en el centro insular. En dirección norte encontramos la pequeña  villa de Fornells, con su hermosa bahía en la que el Mediterráneo penetra impetuoso y se estrella contra sus paredes de roca, formando blancas espumas que contrastan con el azul intenso de sus aguas, y sus acantilados, perfumados por las matas de ruda y camomila. 


Fornells, por Jano.
 
 

Torre de Fornells (principio del S. XIX), por Jano.
 
 Abandonamos Fornells en dirección oeste por estrechas y sinuosas carreteras secundarias que discurren por amplias praderas, pobladas por casas de labor y vacas que pastan pacíficamente buscando la sombra, para dirigirnos al Cap de Cavallería, la punta más septentrional de la isla, y contemplar sus impresionantes acantilados. Después seguimos ruta para visitar y disfrutar de las playas y calas de aquella zona y, tras un recorrido breve por una amplia pista de tierra, dejamos el coche en un improvisado aparcamiento y seguimos a pié por un sendero a través de las dunas protegidas hasta llegar a la Cala/Platja Binimel-lá, de arena gruesa y rojiza y con roca en la zona de baño; merece la pena seguir el camí de cavalls hasta la siguiente cala, atravesando un paisaje de tierra rojiza y vegetación somera y llegar a Cala Pregonda, de arena blanca y fina y aguas amansadas por el estrecho pasillo rocoso que se abre al mar.

Platja de Binimel-lá, por Jano
Cala Pregonda, por Jano.
Camí de Cavalls a Pregonda, por Jano.
 Los más aventureros podrían ir más al oeste y caminar una hora hasta Cala Pilar, pero quizás no merezca la pena.
 De regreso a nuestro destino vacacional podemos visitar la tercera ciudad de Menorca, situada al sur, para recorrer sus calles y tomarnos un refrigerio o hacer alguna compra de última hora. Alaior nos recibirá con su impresionante "església de Santa Eulália", encumbrada en lo más alto de la ciudad, y cuyos orígenes datan del S. XIV cuando Jaime II transformó una mezquita árabe en un templo cristiano, modificado a través de los siglos hasta llegar al templo actual: una iglesia-fortaleza de muros robustos y con un acabado interior de estilo gótico tardío. Sus calles estrechas y empedradas  tienen cierto encanto, que culmina con sus plazas pequeñas y acogedoras como La Plaça de la constitució, punto clave en las fiestas de Sant Llorenç (primer sábado y domingo después del 10 de agosto). Desde Alaior podremos ir a la playa más grande del sur de Menorca (hay linea de autobuses que te dejan en la misma playa): Son Bou. Es una playa de unos tres kilómetros de longitud, separada de la población por un complejo dunar y una zona de marisma, ambas protegidas, en las que conviven patos silvestres y otras aves, Junto con una especie de tortuga terrestre autóctona (Testudo Hermanni), fácil de encontrar por los caminos e incluso en los jardines de los hoteles.

Playa de Son Bou, por Jano.

Testudo Hermanni en un camí.
Ayuntamiento de Ciutadella, por Jano.

  Tomamos la carretera principal para visitar Ciutadella y pasear por su hermoso puerto, presidido en su entrada por el Castell de Sant Nicolau (fortaleza española del S. XVIII que vigila la entrada al puerto), para continuar por el camí des baix, al lado del mar, y después subir hasta la plaza del ayuntamiento y perdernos por las estrechas calles del casco antiguo, con sus comercios y sus terrazas, en los que podremos comprar ropa, calzado (las famosas menorquinas), quesos y embutidos artesanos y tomar un aperitivo o una comida. Cuando el calor apriete, podemos desplazarnos hasta las cercanas Cala de Santandría, Sa Caleta o Cala Blanca, para tomar un baño y posteriormente visitar el Cap D´Artrutx, en la punta suroeste de la isla.
Cala de Santandría, por Jano.
La costa suroeste de Mallorca es verdaderamente espectacular por sus acantilados verticales, recortados por los entrantes del mar que forman las calas, y por la exuberancia de su bosque mediterráneo (presente en toda la isla) que se puede recorrer a pié a través de los camins de cavalls, también presentes en toda la isla para mayor gozo de los amantes del senderismo.
 Una buena opción es descender desde Ferreries hasta Cala Galdana, pequeña población turística con algún hotel y preciosos chalets encaramados en la roca, y disfrutar de la cala o dejar el coche y tomar el camí de cavalls para acceder a Cala Macarella (llega el coche) y la pequeña y coqueta Cala Macarelleta, sólamente accesible a pié desde ésta última, por un breve y espectacular tramo del camí.


Cala Macarella, por Jano.
La travesía, corta y sin grandes pendientes, transcurre por un camino estrecho que asciende al borde del acantilado, permitiéndonos contemplar las distintas tonalidades de azul con las que viste Macarella, desde la barandilla rústica de troncos que delimita el camino por la izquierda; por la derecha, la roca tallada por el sendero cubierta de vegetación.
 Llegados al punto más alto del camino nos tomamos un respiro antes de iniciar el descenso abrupto, mientras contemplamos la belleza de Macarelleta en su conjunto.

Cala Macarelleta, por Jano.




Cala Macarelleta, por Jano.


Pero la más apreciada joya de esta zona de Menorca es la Cala en Turqueta, que como otras (Cala Mitjana, Cala Talaier...), está sometida a un régimen de restricción para el acceso en coche, cerrando el cupo cuando se cubren las plazas de aparcamiento.
 Para llegar en coche a Turqueta tomaremos la ronda de Ciutadella en dirección a Mahón y, antes de llegar a la glorieta para elegir destino, nos fijaremos en un panel luminoso en el que se detalla el estado de ocupación de las calas (abierta o cerrada). En caso favorable, entraremos en  la glorieta y tomaremos una carretera secundaria a la derecha (a las 10 horas de la esfera del reloj) y seguiremos las indicaciones, que no tienen pérdida. Llegaremos a Turqueta y habremos de dejar el coche en un aparcamiento de tierra, en el bosque, para continuar camino a pié por un camí de cavalls, frondoso y precioso, de menos de un kilómetro.

Cala en Turqueta, por Jano.




Cala en Turqueta, por Jano.
Para los más osados, amantes del senderismo o los que quieran conocer Turqueta sin restricción, se puede llegar a la cala a través del camí que parte de Cala Galdana, tomando la desviación de la derecha, y recorriendo los 2,9 kilómetros que hay desde allí. Seguramente merecerá la pena el esfuerzo. También aprovecho la ocasión para recomendar el uso de botas de senderismo para caminar por esas rutas porque, aunque son muy cómodas de andar, siempre es mejor contar con unas malas botas que con el mejor calzado deportivo o alpargatas. Que lo disfruten.
 En otra ocasión decidimos visitar el oeste de Menorca, comenzando por una visita a Mahón y a Sant Lluis y también dar un paseo por la pintoresca villa marinera de Es Castell (la antigua Georgestown de la época inglesa).

Port de Maó con la isla Del Rey, por Jano.
Isla del Rey.
En Mahón destaca su hermoso puerto, en el que podremos contemplar suntuosos yates de todos los tamaños y nacionalidades; y la Isla del Rey o Isla del Hospital, llamada así por la existencia del  hospital (hoy una ruina que trata de ser recuperada por la Asociació D´Amics de L´Illa de L´Hospital desde 2004, contando con la ayuda del voluntariado) fundado en 1711 (se cumple el tercer centenario este año) por el almirante inglés Jennings cuando el puerto de Mahón era una escala obligada en la navegación a vela por el Mediterráneo. Entramos en la ciudad, a pié, subiendo por una escalinata rodeada de jardines para llegar a la Plaça de la Constitució e iniciar un breve recorrido por sus calles, monumentos e iglesias. Nuestro siguiente destino es la villa marinera de Es Castell, la población más oriental de todo el territorio español.
Gobierno militar de Maó, por Jano.
Con una historia militar desde siglos (su nombre actual hace referencia a su vinculación con el castillo de San Felipe, en la bocana del puerto de Mahón), cuenta con dos grandes fortalezas militares: el Fort Malborough y La Mola, que pueden ser visitados.
 Fort Malborough está sutuado al sur de la bocana del puerto de Mahón, en la cala de Sant Esteve, y fue construido por los ingleses en el S. XVIII entre 1710 y 1726, recibiendo el nombre del militar inglés Sir John Churchill, duque de Malborough, y en gran parte excavado en el subsuelo. Actualmente es un museo militar que se puede visitar recorriendo las galerías subterraneas y contemplando las escenas cotidianas de la milicia de la época ilustradas por algunos maniquíes de tamaño natural en actitud de cotidiano servicio.
Puerto de Es Castell.
Llegados a Es Castell podremos aparcar nuestro vehículo en la Plaza de la Esplanada y contemplar el edificio del ayuntamiento, de estilo colonial con su fachada pintada de rojo, y también el museo militar de Menorca para dirigirnos calle abajo a la iglesia del Roser, del S. XVII, y posteriormente, visita obligada, pasear por el puerto (Calasfont), con sus aguas límpidas y trasparentes y sus restaurantes, tiendas y bares, ubicados en los antiguos almacenes de los pescadores. En la otra orilla de la bahía podremos contemplar las ruinas de la Fortaleza de la Mola.



La Mola.



Construída entre 1848 y 1875 en el reinado de Isabel II como defensa contra la invasión inglesa, tiene una estructura poligonal y es un claro ejemplo de la arquitectura militar de finales del S. XIX. En la guerra civil española fue una cárcel militar en la que se llevaron a cabo muchos fusilamientos y en ella se encuentra-dicen-el cañón más grande que hay en España, con un alcance de 40 Km.
El cañón de la Mola ¿mola?




Antes de abandonar Es Castell se impone una cena en el puerto para retirarnos después a nuestros aposentos. El estrecho muelle, animado pero no agobiante, nos regala su juego de luces nocturnas reflejadas en las aguas del puerto, con aromas salobres de mar, mezclados con los olores de las cocinas que trabajan a destajo para mayor gloria de nuestros paladares.
La nit en Calasfont.
Mientras regresamos a nuestra morada provisional, ventanillas abiertas y aire acondicionado apagado para sentir los aromas del bosque  mediterráneo, escuchamos en una emisora local a María del Mar Bonet en su Petita estança, con el firme propósito de volver a explorar el oeste de Menorca al día siguiente.


Al día siguente, y sin entrar en Mahón, nos dirigimos a la pequeña ciudad/villa de Sant Lluis, con sus calles rectas y sus edificios de planta baja, encalados y de calles empedradas, con sus confiterías y panaderías de aspecto impecable. Nos llama la atención el Molí de Dalt, del S. XVIII, y actualmente la Oficina de Turismo. Nos topamos con la Iglesia de la localidad, de planta rectangular y con un pórtico de tres arcos labrado en piedra y construída por Antoine D´Allemand en el S. XVIII. En el frontón se aprecia el escudo de armas de Francia y la leyenda: DIVO LUDOVICO SACRUM DEDICAVERE GALLI A.N. MDCCLXI.El interior, como su fábrica exterior, es austero y consta de una sóla nave. En la entrada del templo hay una estantería con múltiples ejemplares de libros sacros en mallorquín, español e inglés.
Sa Mesquida, por Jano.
Subimos un poco al norte hasta el pequeño pueblo de Sa Mesquida para disfrutar de su agradable Cala Mesquida, y tomar un baño en sus transparentes aguas, con el torreón en la roca y un Bunker donde podremos hacer "espeleología" y contemplar el mar desde sus troneras, un tanto claustrofóbicas; el sistema dunar protegido nos regala con su vegetación y sus aromas, mientras subimos por la ladera de la colina rocosa.
Cala Mesquida, por Jano.
Cala Mesquida, por Jano.











 Abandonamos Sa Mesquida por pequeñas carreteras y volvemos hacia el sur, un poco más al sur de Sant Lluis, para dirigirnos a Alcafar y visitar su cala y comer, al lado del mar, en un pequeño hotel ubicado en el lugar. Después tomamos un camí de cavalls, previa apertura de la portilla de madera, en dirección a Punta Prima: calor, pesadez postprandial mitigada por la belleza del paisaje que comienza frondoso en vegetación y se va desnudando de follaje para dar paso a un camino rocoso que se acerca al mar y nos regala una diminuta cala, de cuyo nombre no puedo acordarme porque nunca lo supe, que nos refresca con sus aguas cristalinas y tranquilas. El camino asciende hasta una colina de roca presididada por un torreón.

Cala innominada con torreón, por Jano.
Después del baño decido seguir el camí y visitar la torre: la vista es impresionante y una brisa recorre mi cuerpo para calmar el calor y disipar el sudor del esfuerzo. Hacia el norte, contemplo la villa de Alcafar; hacia el sur, los acantilados con sus aguas rompientes y la Illa de L´aire.

Alcafar, por Jano.






Los acantilados de Alcafar, por Jano.
Eternos peregrinos, nos seguimos moviendo por Menorca, esta vez más al sur y un poco hacia el oeste, para llegar a la localidad de Binbéquet vel para visitar un pueblo de pescadores, rehabilitado para turistas, en el cual tiene un apartamento rústico el futbolista Raul. El rehabilitado pueblo cuenta con pequeños comercios y restaurantes.

Al entrar en el complejo uno tiene la sensación de penetrar en un sagrado cenobio: un cartel ruega silencio para no molestar a los residentes.


Binbéquet vel, por Jano
Seguimos ruta más al oeste para conocer la Cala en Porter, tallada por el mar entre dos acantilados y de arena blanca y fina, como es la norma en Menorca. Las casas prácticamente cuelgan del acantilado de la izquierda y una pequeña marisma deja correr un hilo de agua canalizada hasta el mar por un muro de hormigón. El baño en sus aguas someras se deja querer y el Mediterráneo acaricia nuevamente tu piel para refrescarte rodeado de alguna posidonia. Antes de partir disfrutamos de una buena cerveza en una de sus terrazas.


Cala en Porter, por Jano.
 El regreso al hotel es tranquilo y placentero y después nos espera una ducha para para "quitar el sarro del mar" (Homero. La Odisea), cenar y tomarnos una copa-o tres-antes de ir a la cama.
 Un último apunte acerca del Camí de Cavalls: un verdadero regalo para los amantes del senderismo o para cualquier persona que quiera vivir la naturaleza de la isla de Menorca, aunque sea brevemente y siempre sin dificultad. Con 220 Km de recorrido y una función militar en su inicio, es un auténtico placer "perderse" por sus senderos y respirar el aroma de vegetación y de mar que nos proporciona el camí. No se lo pierdan.

 Seguramente me habré dejado muchas cosas sin contar de Menorca pero espero que las completen ustedes. Aunque soy del norte de España, del cantábrico, quiero terminar con una canción que lo resume todo.

PD: las fotografías de Jano se pueden ampliar con un clic de ratón y están a disposición de todo el que quiera disponer de las mismas.

miércoles, 13 de julio de 2011

LA TEORÍA DE LA RELATIVIDAD: UNA VISIÓN EXTRAÑA DEL UNIVERSO (II)


El espacio inmenso (telescopio Hubble)
  Conocida la naturaleza puramente ondulatoria del sonido y también de la luz, así como la velocidad de ambos fenómenos, que en el caso de la luz quedó establecida hacia 1800 y también su finitud, se planteaba un problema en la comunidad científica que ya sabía de la existencia del vacío en el espacio exterior y de la necesidad de un medio para que las ondas sonoras (y las de cualquier naturaleza) se transmitieran, cosa que no ocurría con la luz, que era capaz de viajar por el vacío total del espacio exterior. Esta idea era confirmada por experimentos clásicos como la campana de vacío que aislaba una fuente sonora y el radiómetro de Crookes, una especie de molino con aspas negras por una cara y reflectantes por la otra, introducido en una ampolla de cristal al vacío, que giraba al exponerla a la luz por la incidencia de los rayos lumínicos, capaces de actuar sobre las aspas del molino y hacerlas girar.

 Teniendo en cuenta que la luz del Sol llega a la Tierra diáriamente atravesando el vacío espacial, con total ausencia de aire o medio conocido, debía haber algún ente físico capaz de transmitir las ondas lumínicas por el espacio para no admitir la incómoda e inquietante idea de la propagación en la nada, como nadie admite la falta de una/as pocas piezas que encajen en el puzzle que con tanto trabajo hemos formado.
  La polémica estaba servida: había que solucionar el problema con una explicación  y esa hipótesis de trabajo fue el Éter lumínico o simplemente Éter; un modelo adaptado a las exigencias  que simplificaba la cuestión, que llenaba el vacío del universo y bañaba toda sustancia en mayor o menor medida y permitía la transmisión de la luz a 300.000 Km/seg. Antes de proseguir diré que en los tiempos actuales tenemos nuestro Éter particular en la Materia oscura, que explicaría la expansión del universo, en contra de la teoría del Big Crunch y otros fenómenos aún no explicados por la ciencia.
 La existencia del éter fue acogida con júbilo por la comunidad científica de la época como una valiosa herramienta que explicaba el fenómeno lumínico, pero había que demostrar su veracidad porque la ciencia culmina en la demostración de sus hipótesis. En 1864 Maxwell publicó los resultados de una investigación matemática que había emprendido acerca de las vibraciones eléctricas, que generaban ondas que podían propagarse en el espacio, calculando la velocidad de propagación de las mismas y llegando a la conclusión de que la velocidad era la misma que la de la luz. Maxwell dedujo con ello que la luz no era sino un tipo de onda eléctrica, que hoy llamaríamos ondas electromagnéticas, confirmadas en su existencia por Hertz en 1887 que las reprodujo en su laboratorio. Este hecho constituyó una confirmación adicional a la existencia de éter.
 Maxwell, con su descubrimiento, que incluía la naturaleza electromagnética de las ondas lumínicas, hizo más perentoria la existencia del éter por necesitarse un medio que transmitiera esos fenómenos de tal naturaleza en el vacío, pues no resultaba lógica la inexistencia de un medio de transmisión para las ondas electromagnéticas, y el éter era la solución al problema y su descubrimiento el gran reto de la ciencia de la época. Si el éter existía debería impregnar todo el espacio y era razonable suponer que fuese lo único fijo e inmovil de todo el universo: La Tierra gira sobre su eje (24 horas en completar una revolución  ó 15º/h, constituyendo los husos horarios en - o + desde el meridiano 0º según sea longitud oeste o este) y también describiendo una órbita elíptica alrededor del Sol (30 Km/seg); el resto de los planetas del sistema solar también se mueven con respecto al Sol en una órbita distinta a la de la Tierra, y probablemente el Sol se mueve con respecto a la Vía Láctea y todos los seres de la Tierra nos movemos con un movimiento relativo (si viajamos en avión-navegación en tres dimensiones-desde Europa  a América  tardaremos más que en el viaje de vuelta porque la Tierra gira de este a oeste). Una vez establecida la hipótesis de la existencia del éter como ente en reposo absoluto en un universo en el que todo se mueve, había que probar su realidad de manera indirecta y teniendo en cuenta nuestro movimiento con respecto a él. Algo así como probar la existencia del aire, inmóvil en una habitación cerrada y sin corrientes, desplazando un abanico abierto con nuestro brazo y notando la resistencia que opone el aire invisible: Los físicos debían probar la existencia del éter percibiendo el movimiento del éter o viento del éter en el desplazamiento de la Tierra a través de él.
 Uno de los experimentos que se utilizaron para comprobar la existencia del viento del éter fue también un método que utilizaba el telescopio para visualizar una estrella lejana, cuando la Tierra, en su movimiento alrededor del Sol, de 30 Km/seg, se acercaba al punto de observación y el cuerpo celeste enviaba su luz a través del éter a 300.000 Km/seg (recordemos el efecto DOPPLER-FIZEAU, descrito en la primera entrega).                                                                                                                       
 
 El observador lograría enfocar en el ocular de su telescopio la estrella objeto de la observación, moviéndose él y su instrumento solidariamente con la Tierra a través del éter inmóvil hacia la derecha de este. Seis meses después, cuando la Tierra en su órbita alrededor del Sol se alejara de la estrella, desplazándose hacia la izquierda con respecto al éter, debería suceder un desenfoque de la estrella en el telescopio, pero tal efecto nunca sucedió tras innumerables intentos por comprobarlo.

AGUSTÍN JEAN FRESNEL.
 Había que explicar el fracaso de tal experimento y fue Agustín Jean Fresnel el primero que trató de buscar una teoría razonable en 1818, suponiendo que el éter era más espeso en los cuerpos materiales que en el vacío del espacio exterior; así configurada la hipótesis, el desplazamiento del telescopio a través del éter arrastraría parte de este consigo según la velocidad de desplazamiento del instrumento en una fracción de la misma. Esta fracción fue conocida como COEFICIENTE DE ARRASTRE DE FRESNEL; no solucionó el problema porque,como en el caso anterior, si la Tierra se despaza hacia la estrella o en sentido contrario, el éter debería permanecer inmóvil y no "arrastrarse" para tener un punto de referencia absoluto. Algo así como el "palo del que cuelga una zanahoria, sujetado por el jinete de un caballo que lo utiliza como señuelo para que el animal camine, desplazándose ambos-jinete y zanahoria-a la velocidad que alcanza el caballo.
 Al no poderse probar la existencia del éter después de la deducción puramente teórica de Fresnel, nuestro ya conocido FIZEAU  decidió en 1859 medir la variación de la velocidad de la luz en un medio denso y en movimiento, calculando dicha velocidad al lanzar un rayo luminoso a través de una corriente de agua cuando la luz viajaba en el sentido del movimiento de la corriente y contracorriente. Halló una diferencia de velocidad, que asumió como el arrastre del éter por el agua, que coincidía con el Coeficiente de Arrastre de Fresnel pero seguía sin probar su existencia; solamente probaba que, de existir el éter, se comportaría según la predicción de Fresnel. Sin abandonar la existencia del éter, había que diseñar un experimento que probara definitivamente su realidad, tan necesaria para explicar la propagación de las ondas electromagnéticas a través del vacío.
 Supongamos que queremos probar la influencia del viento en la velocidad de un vehículo y diseñamos un experimento sirviéndonos de dos coches idénticos que parten de un mismo punto, a la velocidad costante de 100 Km/h pero en direcciones distintas (el coche A hacia el norte y el B hacia el este por sendas carreteras idénticas para recorrer ambos 50 Km) soportando un viento constante del este de 10 Km/h. Los vehículos inician su marcha desde el mismo punto y nosotros esperamos su regreso en el punto de partida midiendo el tiempo. Con ausencia total de viento ambos llegarían al punto de partida al cabo de una hora, tras recorrer los 100 Km de ida y vuelta; pero con el viento del este soplando, el coche B alcanzaría los 90 Km/h en la ida y 110 Km/h en la vuelta, mientras que el coche A (que se dirige al norte) sería arrastrado en su trayectoria rectilinea por el viento de costado tanto en la ida como en la vuelta, debiéndo corregir constantemente su dirección y no alcanzando por ello los 100 Km/h. al hacer el cálculo de la media hallaríamos que el coche A llega antes que el B y, si cambiaran sus rutas, llegaría antes el B y no el A. Lo mismo ocurriría si el viento soplara del oeste, como es evidente.

Este mismo razonamiento fue utilizado por Albert Michelson (véase la primera entrega) y Edward Morley en su famoso experimento, llevado a cabo en la década de 1880-1890, que trataba de comprobar la existencia del viento del éter. Michelson dedicó su labor científica al estudio de la luz "porque es muy diverdido", según sus palabras, y Morley era químico de profesión. Ambos basaron su estrategia en la propiedad de las ondas de producir interferencia, que básicamente son de dos tipos:
Interferencia constructiva: cuando dos ondas coinciden en sus crestas y sus valles la mezcla de ambas se refuerza en el resultado final, percibiéndose una onda resultante de mayor intensidad.
Interferencia destructiva: el caso contrario. Los valles y las crestas se oponen y, en el caso de la luz, se anulan produciendo oscuridad, o silencio, en el caso de las ondas sonoras.
  En el término medio está la interferencia parcial, que no anula ni refuerza pero modifica la onda resultante: el efecto vibrato de los órganos de tubos se obtenía haciendo sonar a la vez dos tubos cuya frecuencia difrería en unos ciclos por segundo.
 No es extraño que el aparato diseñado por ellos para comprobar el viento del éter, instalado en el sótano de la Universidad de la Reserva Occidental (Cleveland-Ohio) se llamara interferómetro, pues utilizaba la interferencia de dos ondas lumínicas para demostrar la existencia de dicho viento, si existía.


Esquema del interferómetro de Michelson-Morley.
El instrumento utilizado por ambos investigadores se componía de una fuente de luz (haz incidente del esquema) que enviaba un rayo a un espejo semiazogado (el desdoblador M), formando un ángulo de 45º y que divide el rayo en dos: el rojo, que impacta y se refleja en el espejo 1, y el negro que se reflejará en el espejo 2, volviendo ambos rayos a reflejarse en el espejo central para ser recogidos en el visor T. Tengamos en cuenta que el interferómetro se desplaza solidario con el movimiento de la Tierra  y que ambos rayos tienen una trayectoria que forma un ángulo de 90º, como el ejemplo de los coches. M&M realizaron el experimento girando su aparato 90º (intercambiando las trayectorias de los haces lumínicos) y en distintas épocas del año, durante 10 años, y no encontraron diferencia (digamos interferencia, para ser más exactos) entre ambos rayos, pues los dos haces llegaban al mismo tiempo y eso descartaba el "viento del éter". Después de este experimento se han hecho más por otros investigadores con el mismo resultado: no se demostró el viento del éter y, por tanto, su existencia seguía siendo una ficción. Hubo después algunos intentos de explicar el fracaso del experimento de M&M, incluso invocando la teoría geocéntrica, sobradamente desmontada por Nicolás copérnico y anteriormente por Aristarco de Samos, pero no nos vamos a extender más en el tema.
 Después del fracaso de los experimentos que pretendían demostrar la existencia del éter, principalmente el de Michelson y Morley, y de las explicaciones posteriores (en algunos casos contradictorias) para desentrañar el misterio, la comunidad científica seguía necesitando esa entidad misteriosa para comprender la propagación de las ondas electromagnéticas, incluída la luz, aún después de la publicación de la TEORÍA ESPECIAL DE LA RELATIVIDAD en 1905. En las primeras décadas del siglo XX, los manuales de radio y telegrafía sin hilos seguían hablando del éter como medio de propagación de las ondas:
 "ÉTER.- Sustancia que se admite interpenetra todo el Universo. Se le supone perfectamente elástico, propiedad que le permite ser el vehículo de propagación de las vibraciones luminosas, caloríficas, electromagnéticas, etc."
 (Agustín Riu: GUIA PRÁCTICA DE RADIO. Definición de éter de la página 13 de la 3ª edición de 1930).


 En todo este mar de confusión y de fracaso surgió una auténtica revolución del pensamiento científico que, con una explicación relativamente sencilla, hizo que las piezas del puzzle encajaran resolviendo el problema del éter y formulando predicciones sorprendentes que culminarían con la era atómica y la mecánica cuántica, aportando una mayor comprensión del universo.
 El artífice de esta revolución fue Albert Einstein con su Teoría de la Relatividad Especial (1905) y General (1916).


 La Teoría especial (o restringida) trata de objetos o sistemas que se mueven unos con respecto de otros con velocidad constante (aceleración nula) u objetos o sistemas inmóviles (velocidad cero) y fue la primera en postularse porque resulta más fácil describir el movimiento constante o no acelerado. La Teoría General contempla objetos o sistemas que se mueven unos respecto de otros con velocidades crecientes o decrecientes (sistemas u objetos acelerados positivamente o negativamente, en la terminología física).
 Pero de todo ello seguiremos hablando más detalladamente.

 

domingo, 12 de junio de 2011

VUELTA A CASA.

 Volver a casa después de una ausencia breve es volver a la normalidad, a la rutina del día a día, cargados de cansancio físico pero con el psíquico más relajado, tras haber vestido harapos-ropa vieja-y haberte calentado con la leña que has cortado a golpe de hacha. Un ciervo te contempla a menos de un kilómetro y lo miras como parte del paisaje; las arañas invaden tu casa en su lucha contra las moscas, tiñendo de plata los rincones, y la puerta, cerrada a cal y canto para que los gatos no te coman lo que dejas en la cocina, te recuerda que esa es tu casa, tu segunda morada en la que puedes andar caminos sin soñarlos, disfrutándolos siempre y sufriéndolos a veces.
 Después... Un sueño reparador, con osito y todo.

domingo, 5 de junio de 2011

VIVIR.


El mar Mediterraneo en Mallorca. Por Jano.
  Lo más interesante de vivir es la vida misma, que nos sitúa en un lugar determinado, en un tiempo determinado y con unos naipes repartidos al azar para comenzar la partida con mayor o menor fortuna, en una partida de cartas que no sabemos cómo va a acabar ni cuando acabará; lo único que sabemos es que acabará.

 Mientras tanto, esperamos en la estación de tren que nos toca tratando de pasar el rato lo mejor posible, trabajando y contemplando el mundo que nos rodea y disfrutando de él cuanto podemos, pisando fuerte con nuestras botas de soldado para explorar el territorio que nos ha asignado la vida por sorteo, con algunas escapadas a otros terrenos de esta esfera azul llamada Tierra.


Atardecer en una playa de Asturias.
 Al final, todos llegamos al mar, a cualquier mar, cuando nos llega la hora de embarcar en ese tren que habremos de tomar algún día, con un destino incierto.




Playa de Matala (Creta-Grecia). Al fondo, la necropolis romana con sus cuevas-tumbas, excavadas en la roca.